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La mosquita temeraria

de Alejandro Joos

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Les voy a contar la historia de un mosquito, pero no de cualquier mosquito: sino de uno muy especial. Lo primero que uno piensa es qué puede tener de especial un mosquito.

Ella -y digo ella porque era un mosquito hembra- no era como todas las demás. Era la más famosa y admirada. Además, aunque a nosotros nos parezcan todos iguales, parece que también era la más linda, de modo que era el blanco de la mirada de los mosquitos varones.

La pregunta que seguramente te estarás haciendo es por qué era tan famosa entre los de su especie. Resulta que nuestra mosquita era toda una temeraria y pasaba su vida volando por todo el mundo haciendo sus peligrosos shows a los que asistían cientos de espectadores.

Su primera función había sido una noche en el dormitorio de un chico llamado Ignacio. Mientras el pobre dormía, ella pasaba volando una y otra vez por su oreja esquivando sus manotazos mientras que su público, que miraba desde el ropero, la pared y la mesita de luz, reía y aplaudía.

Otra vez, se apoyó sobre un espiral de esos que se prenden y largan humo y, aunque no lo creas, logró aguantar la respiración durante tres minutos. Y ni hablar de aquella vez que volvió loca a Ana, una pobre ama de casa que la persiguió por todos lados tratando de rociarla con el aerosol de la muerte, como ellos le llaman al insecticida.

Sin embargo, era tanta su fama y se sentía tan alentada por sus fanáticos que decidió hacer el espectáculo más arriesgado que jamás había hecho: se apoyaría en una pegajosa telaraña y trataría de escapar segundos antes de que la araña se la comiera.

Pasó mucho tiempo preparando todo hasta que, por fin, llegó el gran día. No sé si los mosquitos se habrán vestido de gala, pero sí les puedo contar que nuestra aventurera amiga se había encargado de corroborar que todo estuviera bien para que saliera perfecto. ¡Hasta había contratado a las luciérnagas -mejor conocidas como bichitos de luz- para que alumbraran y decoraran todo el lugar!

Había bichos de todas las especies: cucarachas, cigarras y hasta abejorros. El moscón, con su grave voz, silenció a los presentes y presentó a la gran mosquita. Como era de suponer, fue recibida con vítores y aplausos. Envalentonada, se acostó en la telaraña y automáticamente quedó pegada. Los segundos pasaban y ella permanecía ahí, esforzándose por escapar, hasta que la sombría araña salió de su escondite.

Lentamente, con sus peludas patas se iba acercando hacia ella. Cada vez estaba más cerca, ya no había salida: era el fin de nuestra estrella. Las mamás mosquito ya les estaban tapando los ojos a sus hijos cuando, como por arte de magia, la exitosa mosquita consiguió zafarse.

Inmediatamente, todos se pusieron de pie y estallaron en aplausos. La fabulosa protagonista del show salió volando hacia su público para festejar cuando, de repente... ¡PLAF! El gran abejorro estaba tan entusiasmado aplaudiendo que no se dio cuenta que mosquita pasaba por ahí y... ¡la aplastó! Así fue como, de un momento a otro, todo terminó para mosquita: el astro del Hollywood de los mosquitos.

Y de esta forma llegamos al final de este cuento. Sólo resta decir que no dejes que la fama y los aplausos te confundan. Siempre piensa bien antes de actuar: así de rápido como puedes hacerte con el éxito, más veloz aún puedes perderlo todo.

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